Turrón para la tropa

Las navidades del 36 fueron muy especiales. El primer año de la Guerra Civil que asoló España se vio sorprendido por un aguinaldo navideño a los soldados republicanos que defendían la capital. El abastecimiento de productos de primera necesidad, la hambruna de la población civil y de los combatientes marcó la vida diaria de millones de españoles en un infausto conflicto bélico que ha marcado la historia de nuestro país.

Javier Cercas sostiene que existe toda una poética de la guerra en su novela Soldados de Salamina. No podemos negar que esconde, desde el respeto a la memoria colectiva y al sufrimiento vivido, un atractivo sentido literario. La guerra tiene otra sugerente mirada llena de nostalgia porque aquellos años están llenos de cartillas de racionamiento, leyendas, estraperlo, historias de amor y odio o circunstancias novelescas que han suscitado el interés de numerosos escritores. Todo esto sirve de base para interesantes guiones y fantásticas ficciones que la actualidad editorial nos está regalando ochenta años después.

Hay toda una historia de la alimentación en tiempos de guerra que pone de manifiesto la supervivencia, la imaginación culinaria y
la picaresca. También aflora el sarcasmo de cenáculos de poder, los menús de generales celebrando victorias y un pueblo oprimido por la escasez. La alimentación es una metáfora de la guerra y evidencia la naturaleza conflictiva de la condición humana.

Nuestra guerra tiene una estrecha relación con la comida y está llena de situaciones esperpénticas o de dulces y navideñas estampas como la vivida en las trincheras de las navidades de 1936. Las autoridades republicanas, sin conocer el problema de abastecimiento que meses después agravarían la situación, fueron muy generosas on las tropas que defendían Madrid y aprovisionaron al ejército republicano con una castiza cena navideña.

La noticia la recoge toda la prensa escrita de la época, además de los archivos históricos que se encuentran en las organizaciones sindicales y políticas. Curiosamente, también aparece en la sección de manuscritos de la Biblioteca del Congreso de los EEUU, donde se conserva toda la documentación personal del General Miaja –militar al mando de la Junta de Defensa de Madrid fiel al Gobierno– y su correspondencia original con las autoridades republicanas.

En un telegrama del Ministro de la Guerra enviado el 18 de diciembre a la Comandancia de Madrid, le comunica que “se ha realizado la adquisición de turrones, embutidos, dulces, cafés y frutas variadas para ser distribuidas entre las tropas, milicias, voluntarios y a cuantos contribuyen con las armas en mano a la defensa de la causa antifascista”.

Se repartieron en el frente 20.000 tabletas de turrón y mazapanes, 20.000 kilos de embutidos y 6.000 de dulces

Socorro Rojo Internacional repartió en el frente de Madrid más de “20.000 tabletas pequeñas de turrón y mazapanes, 20.000 kilos de embutidos, 6.000 de dulces, 15.000 de café y 30.000 de frutas variadas”. Sin embargo, la prensa publicó un menú navideño más suculento. El desayuno del día de Navidad fue pan con mantequilla, galletas y café. También almorzaron tortilla de jamón, cordero asado con patatas y arroz con leche, y cenaron fabadaasturiana y carne con guisantes y jamón. El festín era más propio de la propaganda política y todo parece indicar que formó parte de la estrategia para levantar el ánimo de la población de Madrid.

Este menú navideño –paradojas de la guerra– fue acompañado de la prohibición de celebración alguna y de la advertencia de “estar vigilantes ante el enemigo, que siempre está al acecho y pudiera aprovechar estas circunstancias”. Aquellas tristes navidades del 36 fueron muy diferentes y la batalla en Madrid se dio un banquete que dignificó la moral del ejército republicano. Una preciosa tregua navideña que llenó de paz y turrón las trincheras de la guerra.

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