Los crepes secretos

El profesor Michael J. Sandel  acaba de publicar “La tiranía del mérito”, un interesante ensayo que expone un replanteamiento de los conceptos de éxito y de fracaso. La cultura de la meritocracia ha generado una arrogancia entre los ganadores e impuso un castigo a los que quedaron atrás.

En la gastronomía, las élites meritocráticas tienen una gran falta de humildad y esa arrogancia convierte a la hostelería y a la cocina en una carrera donde se impone la retórica del ascenso social.

Por eso, cuando el proceso se produce a la inversa, se convierte en noticia. Dos jóvenes castellanos que vivían inmersos en su carrera profesional, de pronto, se ven fascinados por Cádiz y deciden abandonar el éxito laboral para montar un Bar en nuestra ciudad. Tenían en Valladolid su trabajo en Gas Natural y un futuro prometedor en la compañía hasta que se cruzó un viaje a Andalucía.

Rebeca Antolín y Daniel Ramírez decidieron hace dos años abrir un pequeño local en la calle Obispo Cerero, esa discreta esquina de la Plaza de San Antonio junto al palacio de Aramburu. Viajar, enamorados de esta ciudad, para emprender un negocio y una vida nueva. Renunciar a los privilegios de un trabajo por cuenta ajena en el norte y convertirse en autónomo hostelero en el sur tiene sus riesgos.

El Gato Jazz es un tributo a su amor por la música y por los gatos. Los gatos hacen de su sigilo y soledad una forma de andar por el mundo. Como dice la poeta Pepa Parra en el libro “Historias de Gatos” del ingenioso Carlos C. Laínez, los felinos tienen una multitud de existencias clandestinas, maneras ocultas y cualidades inesperadas.

No es un bar cualquiera. El proyecto lo tenían preconcebido, ideado a priori, lo que significa un esfuerzo de planificación, un deseo de hacer las cosas bien. Aunque la idea inicial era traer los productos de su tierra natal a Cádiz, el estado de alarma les ha hecho reconvertirse en una crepería y en un delicatesen de conservas de calidad con un compromiso de soberanía alimentaria,  solo aquellas que estén producidas a menos de 100 metros del mar.

Piensan que el jazz apacigua y tienen una selección musical de calidad que acompañan, en ocasiones, con la música en vivo del artista de Atlantic City (New Jersey) afincado en Cádiz y vecino del barrio, Michael Grossman.

Rebeca y Dani adoran Cádiz y quieren entender esta ciudad aunque en su Valladolid natal piensen que están locos. La única locura es querer vivir en un barrio como el Mentidero y convivir con sus clientes a los que dispensan un trato igualitario y cercano.

Tienen una “Cecina que alucina” y en su carta hay quesos y embutidos asturianos de gran nivel y buen precio. Queso viejo de oveja toledano, Jamón ibérico de Guijuelo y delicias enlatadas. En este punto hay un surtido para abrir y tomar de lo más interesante, las conservas gourmet van desde las anchoas donostiarras Olasagasti, las sardinillas picantes Balea, el atún con jengibre Santa Catarina, los jureles ajo & perejil Good Boy, las ostras vinagreta Albariño, el paté de trucha al Oporto Cántara, los mejillones escabechados en sidra y muchas más referencias.

Pero dónde realmente se han reinventado es en los crepes. Destacan el Thomas, jamón asado, queso emmental, rúcula y tomate seco en aove, El Lafayettecon jamón ibérico, queso brie, rúcula y tomate seco en aove y la Duquesa con queso cabra, brie, emmental, espinacas, cebolla confitada y nueces.

Tienen la masa con harina de trigo o de Garbanzos y Rebeca sabe darle ese punto suave de masa fina pero consistente casi como un bocado de la Bretaña francesa donde se hacen los mejores crepes del mundo.

Abren a las 12, por lo que puedes pegarte el lujo de desayunar bien entrada la mañana los crepes dulces como el espectacular Marie con manzana asada, miel, nueces y canela o el prohibitivo O´Malley con nutella, choco blanco, coco, almendras y nata.

Tienen ofertas y combos a unos precios fantásticos como el desayuno Crepe nutella y café a 3,50 o el Menú duo, crepe salado y otro dulce a 8 euros y también sirven a domicilio a través de El tenedor y  Just Eat.

Hay sensibilidad para el arte y una extraña atmósfera de una clientela adorable que no quiere que se sepa lo bien que se está en el Gato Jazz para que aquel lugar sea como un sitio secreto. Esta crepería es una experiencia gastronómica y cultural compartida. Una esquina perfecta y escondida de dos emprendedores castellano-gaditanos con talento e ilusión que vienen a demostrarnos que esta ciudad aún tiene esperanza.

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