Los bulos gastronómicos

«No estoy siempre conforme conmigo mismo y suelo estarlo con los que no se conforman conmigo». Miguel de Unamuno.

Todos tenemos opinión. Algunos la ejercen con criterio, otros con rencor, otros con envidia o por venganza y pocos por dinero. También hay una mayoría que no suele tener opinión, y a algunos de los que la tienen y la publican les pasa lo que al general de la Guardia Civil, que tienen que callarse para mantener su puesto en un difícil equilibrio entre decir su verdad y guardar los intereses políticos o comerciales…

Y después, tenemos el ejercicio profesional de la crítica. La inmensa mayoría de los que hoy escriben sobre el hecho gastro son rendidos aduladores y los chefs reciben esas adulaciones complacidos sin entender que quien realmente te quiere, te critica.

Tanto halago y tanta gente bien intencionada y simpática no le hacen ningún favor al sector. Todos le ríen las gracias al chef. Resulta paradójico, cuanto menos, ya que uno es capaz de entender la sociedad en la que vive gracias a la pluralidad de opiniones. Todos leemos críticas de cine, al Gobierno, críticas literarias, reseñas de los productos que compramos en Amazon pero las críticas argumentadas a los restaurantes gastronómicos son rarísimas. ¿Por qué, en general, la alta gastronomía no acepta la opinión crítica? Una sociedad que no admite discrepancias no es una sociedad justa.

Si la gastronomía no tolera la diferencia se expone a que no prospere la verdad, a que aparezcan los bulos y la mentira se abra paso. Algo parecido a lo que ocurre con la gran plataforma TripAdvisor.

La compañía norteamericana, con una capitalización bursátil de más de 8.000 millones de dólares, es un gigante que vive de las inserciones publicitarias y de la opinión de todos en el sector hotelero y en la restauración. Es un referente absoluto, casi en régimen de monopolio,  que lidera la opinión gastronómica generando referencias e influyendo en la reputación y la solvencia de muchos hosteleros. Maneja cifras astronómicas: 450 millones de usuarios al mes.

Esta empresa se presenta como una defensora de los consumidores y sostiene que su objetivo es «ayudar a democratizar la industria de los viajes».

Sin embargo, la prestigiosa compañía ha sido muchas veces denunciada y otras condenada o absuelta por el daño que ha causado a la imagen de muchos negocios hosteleros y  por las «críticas falsas» y «difamatorias» albergadas en su web.

En TripAdvisor no solo puedes ver las opiniones, también puedes reservar mesa gracias a su otra plataforma denominada “El Tenedor”, que se lleva una comisión de entre el 12% y el 15% que se la cobra a los restaurantes. Un negocio redondo.

Como dice el hostelero valenciano Antonio Calero “Funciona de manera muy parecida a la mafia que primero te visita para amenazarte y luego te ofrece protección. En cuanto aceptas darte de alta en El Tenedor, percibes que la cantidad de malas críticas de los clientes baja.”

Los abogados de Calero han sentado en el banquillo, sin éxito procesal, a la compañía y denunciaron en su demanda “comentarios injuriosos, malintencionados” y “falsos” que atribuyen a clientes a los que se les ha dicho que “no” en algo.

En la plataforma abundan falsos perfiles, trolls, chivatos, chantajistas, seudónimos y la propia competencia de muchos bares y establecimientos que viven de esta guerra fratricida que manipula los tráficos de consumidores en base al algoritmo de TripAdvisor. Del mismo modo, esto genera otra perversión, la aparición de mercenarios digitales, los llamados community managers, profesionales del marketing digital que conocen las tripas de la red y son capaces de que un negocio hostelero tenga demanda o de hundir al contrario. Haya o no haya calidad gastronómica.

La empresa sostiene que, en realidad, ellos no se hacen responsables de los contenidos vertidos por los comensales pero en la práctica es como entrar en el patio de una cárcel. Que los reclusos estén en un recinto cerrado no los convierte en santos, valga la metáfora presidaria.

El sistema de garantías de la veracidad de los comentaristas no obliga al usuario a verificar la estancia o visita al local criticado, lo que crea opiniones falsas. Se ha dado el caso de que la empresa italiana Promo Salento ha llegado a vender reseñas falsas a cientos de hosteleros de toda Italia con el fin de elevar su perfil en el sitio web, siendo condenado a 9 meses de prisión y 8.000 euros.

TripAdvisor es un negocio aparentemente limpio y próspero, nacido para “democratizar” pero en muchas ocasiones es una auténtica farsa imposible de gobernar.

No existe un tipo penal que castigue los bulos. Los bulos gastronómicos se mueven en una fina línea entre lo que puede ser delictivo y la libertad de expresión, que consiste en la facultad de opinar sobre cualquier persona o negocio. Cuando abran los bares volveremos a la guerra.

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