Dios te salve, semana de sabores y pasión

La Semana Santa es una historia de amor que perdura entre nosotros desde hace siglos. Ese ritual festivo está impregnado de expresiones simbólicas que contagian la vida social. El sentir colectivo contrasta con el recogimiento de las casas de hermandad y el silencio de las iglesias. Mientras, la calle se desborda con la devoción popular.

Los sabores de la Semana Santa siempre evocan recuerdos: la primera madrugá, el primer amor adolescente, el guiso de alcauciles con habas y chícharos. Todo está escrito y la liturgia siempre es la misma y a la par, cada año es diferente.

Los sabores siempre están presentes de forma simbólica en nuestros recuerdos, a mantecados… La heladería Los Italianos es la cruz de guía del mejor sorbete de fresa del mundo y el crujir en tu boca de la capa de chocolate de sus topolinos anuncia la llegada de la primavera en Cádiz. Preside el local un precioso cartel publicitario años 30 de la compañía de hidroaviones A La Litoria Sevizi Aerei, que hacían la ruta Roma, Málaga, Cádiz, Tetuán, Casablanca y que simboliza como esta ciudad ha estado conectada con el mundo hasta hace muy poco.

El cuchareo se saborea en el ultramarinos más antiguo de la ciudad, Las Nieves, en Vargas Ponce estrena los primeros guisos cuaresmales y mezcla ese aroma de chicuco con el sonido de las horquillas que llegan de la calle San Francisco. Huele a naranjas, a incienso y a azahar. Carlos Hidalgo es la cuarta generación de santanderinos llegados de la montaña. Un establecimiento vivo, con alma que fundara Gabino en 1891.

La ciudad no puede olvidarse de sus hijos y los sabores de antes de ayer siguen perdurando entre nosotros. ¿Quién no ha suspirado por los judiones que guisaba Mercedes en ese templo de sabiduría y tunantería que regentaba el gran Moni en Casa Castillo? La Calle Zorrilla no sabe igual desde su partida.

La tertulia más cofrade siempre reside en el Liba, una suerte de cafetería que es la encargada de abrir la calle Ancha por las mañanas dándole aroma a café, haciendo perdurar el espíritu de la Casa de la Camorra y de despedir el último paso con los compases de Amargura de Font de Anta.

El fundamento emocional nos obliga a vincular el vino sacramental con una nueva apertura hostelera: La taberna La sorpresa de la Calle Arbolí. Empresa regentada por el polifacético Juan Carlos Borrell y Peque que nos brinda el mejor amontillado que se sirve a este lado del Guadalete. En pocos sitios se custodia un vino tan viejo y tan nuestro, espantando los mosquitos de la canilla de madera de las botas de roble americano.

Y la canalla. No hay tertulia más cuaresmal ni copa larga más serena que un trago en El Palco, el After capilla de este vía crucis. Antonio Lucero y su hermana Pili dirigen con maestría y saber estar este lugar de culto de la recogías gaditanas en la calle Cánovas del Castillo. Un gran velón rojo con su cera a borbotones, nube de incienso y miradas inquietantes de personajes y actores de la Semana Mayor.

Algunos piensan que son las horquillas pero el Pirulí de La Habana es, ciertamente, lo único que nos hace diferentes. Dulce, criollo, irresistible, pringoso, con papel, en compañía y esperando la cofradía. Cuando se deshace en tu boca te deja matices de miel y cierto retrogusto de flan casero. De forma cónica emulando a un capirote todavía se elabora artesanalmente en las casas de románticos gaditanos indianos que guardan con celo su propia receta.

Por último, la apertura del Hotel Boutique en el antiguo convento dominico nos devuelve a la ciudad las estancias en las que los frailes oraban y meditaban antes de partir a las Américas. Templo manierista con elementos barrocos y con riquísimos mármoles genoveses en su retablo mayor. Su cercanía al espacio portuario, su vínculo americano y la influencia italiana convierte este templo en un símbolo de apertura al mundo.

El próximo viernes 4 de abril se celebrará la primera cata mundial de pirulís de La Habana en el transcurso de una Cata con Arte. Una cena cuaresmal maridada con la cultura del mencionado Hotel Convento contará con la desgarradora voz de la artista Anabel Rivera y su saeta, la Capilla musical Regina Caeli, cuatro vinos de Terry y los puntos de vista contradictorios de dos capataces gaditanos: Manuel Ruiz Gené y Benito Jódar.

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